Funciones del lenguaje en un artículo de opinión
Análisis de rasgos lingüísticos / Juan Antonio Belmonte Sánchez / www.lenguayliteraturaonline.com
Los rasgos lingüísticos de la función expresiva y apelativa son también ejemplos de modalidad argumentativa, junto a otros como la aparición de conectores lógico-discursivos, uso del subjuntivo, sintaxis compleja, etc., además de, por supuesto, la aparición de argumentos que apoyan la tesis e intención de la autora. Hay que tener en cuenta que pueden entrelazarse dos rasgos de las funciones del lenguaje en una misma oración.
Análisis de rasgos lingüísticos / Juan Antonio Belmonte Sánchez / www.lenguayliteraturaonline.com
Función referencial (subrayado)
Función apelativa (subrayado)
Función expresiva (cursiva)
Función poética (cursiva)
Función metalingüística (cursiva, subrayado punteado)
Hay un momento muy concreto en el que el periodismo deja de contar la verdad. Suele ocurrir en las alfombras rojas, donde todo es «icónico», «deslumbrante», «espectacular», «cañón». Incluso cuando la fotografía sugiere más bien la urgencia de acercar una manta y un buen plato de lentejas. Con Demi Moore (63) ha vuelto a suceder.
A estas alturas resulta lamentable tener que recordar que la extrema delgadez no es espectacular. Nunca lo fue. En los noventa ya nos colaron la idea envuelta en una etiqueta muy cool. La santa patrona fue Kate Moss, convertida en icono de una belleza que confundía la elegancia con tener el aspecto de haber acabado la noche en urgencias.
Creímos que aquello había quedado enterrado junto a los pantalones de tiro bajo, pero no. Las modas tóxicas tienen la mala costumbre de volver cuando menos se las espera. Esta vez regresan con el nombre de medicamento: la era Ozempic. En Hollywood ya no es un fármaco, sino prácticamente un sacramento.
Ahora bien, la jeringuilla sola no hace milagros. Necesita feligreses. Cada vez que un titular dice que alguien está «increíblemente joven» cuando en realidad parece peligrosamente consumida, no está informando: está escribiendo propaganda estética. Y la propaganda, como todas, acaba viajando.
En Beverly Hills se resuelve con quirófano, filtro y tarjeta de crédito. En el resto del planeta se traduce en un ritual bastante menos glamuroso. El de mirarse al espejo con gesto crítico mientras una web promete que, con disciplina y dos o tres renuncias pequeñas, cualquiera puede entrar en una talla microscópica.
La industria de la belleza lleva décadas predicando el evangelio según el cual envejecer es un fallo técnico. Hay que pasar el cuerpo por el taller. Menos arrugas, menos grasa, menos volumen. Menos todo.
Por eso empieza a resultar casi revolucionario celebrar a Monica Bellucci, que insiste en el escándalo de tener curvas. O a Carmen Maura, que hace tiempo decidió bajarse de esa carrera absurda por seguir siendo la más guapa y la más flaca. Su desnudo a los ochenta en Calle Málaga contiene más verdad que muchas portadas.
Quizá el problema no sea Demi Moore. Quizá es que seguimos llamando belleza a algo que, si fuéramos sinceras, nos haría preguntar con prudencia: «¿Estás bien?».
Lo sabemos y aun así el periodismo escribe «espectacular». La mentira –si además adelgaza– siempre tiene mejor prensa. Pero cuidado porque en España hay 400.000 personas que sufren anorexia, y tú o tu hija podríais ser una de ellas.
Demi Moore no está cañón · La Vanguardia · Susana Cuadrado · 17 mar 2026
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