Análisis — Nada, Carmen Laforet

Nada · Carmen Laforet · 1944

Análisis de rasgos estilísticos más relevantes

Fragmento: Tras la muerte de Román — Características formales y estilísticas

www.lenguayliteraturaonline.com · Juan Antonio Belmonte Sánchez

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1.ª persona / voz narradora Focalización interna Narración retrospectiva Metáfora Comparación Expresionismo / animalización Personificación Anáfora / repetición Tono existencial / opresión

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Juan estuvo fuera de casa mucho tiempo, quizá más de dos días. Debió acompañar el cadáver de Román al depósito y tal vez, más tarde, a su última, apartada, morada.

Cuando un día o una noche le vi por fin en casa yo creí que ya habíamos pasado los peores momentos. Pero aún nos faltaba oírle llorar. Nunca, por muchos años que viva, me olvidaré de sus gemidos desesperados. Comprendí que Román tenía razón al decir que Juan era suyo. Ahora que él se había muerto, el dolor de Juan era impúdico, enloquecedor, como el de una mujer por su amante, como el de una madre joven por la muerte del primer hijo.

No sé cuántas horas estuve sin dormir, con los ojos abiertos y resecos recogiendo todos los dolores que pululaban, vivos como gusanos, en las entrañas de la casa. Cuando al fin caí en una cama, no sé tampoco cuántas horas estuve durmiendo. Pero dormí como nunca en mi vida. Como si también yo fuera a cerrar los ojos para siempre.

Cuando volví a darme cuenta de que vivía tuve la sensación de que acababa de subir desde el fondo de algún hondísimo pozo, del que conservaba la cavernosa sensación de unos ecos en la oscuridad.

Estaba mi habitación en penumbra. La casa tan silenciosa, que daba una extraña y sepulcral sensación. Era un silencio como nunca había oído en la calle de Aribau.

Cuando me dormí recordaba la casa llena de gente y de voces. Ahora parecía no haber nadie. Parecía que todos sus habitantes la hubiesen abandonado. Me asomé a la cocina y vi puestas en el fuego dos ollas borboteantes. Los ladrillos parecían barridos y había una lenta, pastosa tranquilidad hogareña, que parecía incongruente allí.

Notas al análisis

1.ª persona / voz narradoraIdentificable en «vi», «creí», «comprendí», «no sé», «estuve», «volví a darme cuenta», «me asomé». Esa voz corresponde a Andrea, que es la narradora protagonista. Genera el tono íntimo y confesional característico de la novela.
Focalización internaTodo lo narrado está filtrado por la percepción de Andrea. Lo que ocurre (Juan fuera, la casa vacía) se deduce o imagina desde su posición inmóvil: «debió acompañar», «quizá más de dos días».
Narración retrospectiva«Nunca, por muchos años que viva, me olvidaré de sus gemidos desesperados»: la narradora adulta interviene con una valoración que trasciende el momento narrado y delata la distancia temporal. Nota: en la posible respuesta hemos descartado este rasgo debido a las limitaciones de espacio y tiempo del examen PAU. Del mismo modo, no se mencionan todos los recursos retóricos presentes, sino solo una selección de los más relevantes, pues hay que ajustarse a las 20 líneas aproximadas que exige la pregunta.
Metáfora«Subir desde el fondo de algún hondísimo pozo… cavernosa sensación de unos ecos en la oscuridad»: el despertar del sueño se convierte en un ascenso desde las profundidades, imagen que condensa el agotamiento y la cercanía a la muerte.
ComparaciónSerie de comparaciones que intensifican el dolor de Juan («como el de una mujer por su amante», «como el de una madre joven») y la proximidad de Andrea a la muerte («como si también yo fuera a cerrar los ojos para siempre»).
Expresionismo / animalización«Dolores que pululaban, vivos como gusanos, en las entrañas de la casa»: los dolores se materializan como seres repulsivos que viven dentro de un cuerpo orgánico. Recurso expresionista que deforma la realidad para transmitir angustia.
PersonificaciónLa casa adquiere cuerpo propio: tiene «entrañas», da «sepulcral sensación», puede ser «abandonada». Se convierte en un ser vivo que respira y sufre junto a sus habitantes.
Anáfora / repetición«No sé cuántas horas… no sé tampoco cuántas horas»: la repetición subraya la desorientación temporal de Andrea y su pérdida de conciencia del tiempo, consecuencia del shock emocional.
Tono existencial / opresiónLa penumbra, el silencio sepulcral, los ojos «abiertos y resecos», la sensación de muerte que impregna el sueño. El fragmento construye una atmósfera de duelo colectivo e individual que anticipa el final de la novela.

Características formales y estilísticas: posible respuesta

La voz narrativa del fragmento está en primera persona («vi», «comprendí», «no sé» o «me asomé»), lo que propicia un tono íntimo y confesional. Esa voz corresponde a Andrea, que es la narradora protagonista, aunque a veces actúa como un testigo pasivo de lo que ocurre (por ejemplo, al describir el lamento de su tío Juan). La focalización es interna: todo está filtrado por la percepción subjetiva de Andrea (tanto lo que imagina como lo que hace, siente, piensa, percibe sensorialmente): «debió acompañar», «creí», «dormí»…

En cuanto a la modalidad textual, el fragmento combina narración y descripción. La narración aparece en los verbos de acción en pretérito perfecto simple («vi», «comprendí», «caí», «volví», «me asomé») y expresiones temporales como «cuando un día o una noche», «ahora»… La descripción, que es de carácter subjetivo e impresionista, se apoya en el pretérito imperfecto («parecía», «había», «daba», «estaba») y la abundancia de sustantivos y adjetivos que ralentizan el ritmo narrativo y sirven para construir el ambiente de duelo: «gemidos desconsolados», «peores momentos», «impúdico, enloquecedor», «la casa tan silenciosa», etc.

El estilo es sobrio y aparentemente sencillo, pero está impregnado de lirismo gracias al uso de numerosos recursos retóricos. Podemos destacar el uso de las comparaciones para expresar el duelo: el dolor de Juan es «enloquecedor, como el de una mujer por su amante» y los dolores que siente Andrea son «vivos como gusanos», imagen expresionista que sirve para materializar su malestar, como si la casa fuera un organismo enfermo. También es significativa la imagen que usa Andrea para revelar que finalmente es consciente de «subir desde el fondo de algún hondísimo pozo»: la casa se presenta así como un abismo que refleja su angustia existencial. Esta angustia vincula la obra con la corriente de la novela existencialista de la posguerra, donde el individuo se siente desorientado y perdido en un entono hostil.

Nada · Carmen Laforet · Premio Nadal 1944 · Análisis PAU — Características formales
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